★★★★, Series

Cobra Kai

Youtube lleva un tiempo bombardeando con publicidad de esta serie, y lo que no sé es por qué he tardado tanto en verla. Es buenísima. Tanto, que no entiendo cómo no está más en boca de todo el mundo. Es tan buena que hasta casi hace plantearse pagar el pastizal que cuesta Youtube Premium (bobadas, sigo pensando que no merece la pena). El caso es que es tan buena y está pasando tan desapercibida que me siento obligado a escribir esta reseña.

Todo el mundo conoce Karate Kid, dudo que exista alguien en el mundo, le gusten las artes marciales o no, que no haya visto esta película o que no haya disfrutado de ella. Es una de esas películas, junto con otras como Cuenta Conmigo o Los Goonies que hace que muchos nostálgicos idealicemos la década en la que fueron producidas. La película tiene sus propias secuelas, no tan buenas como la original, incluso un intento de reboot con nuevo (y femenino) protagonista y una especie de Remake donde Jackie Chan enseña kung-fu (pese a que mantuvieran el título) a Jaden Smith que tampoco fue muy popular. Ahora lo que tenemos es una continuación, treinta años después y en forma de serie, desde el punto de vista de, en palabras de Barney Stinson, el auténtico protagonista de la saga, el auténtico Karate Kid, Johnny Lawrence.

Tres décadas después del, para Johnny, fatídico torneo en el que perdió la final a manos de un lesionado y novato chico de Jersey, su vida es una miseria. Con un trabajo de mierda que ni siquiera consigue mantener, borracho la mayor parte del tiempo, su vida pega un giro considerable cuando conoce a Miguel Díaz, nuevo en la ciudad y víctima de acoso. La mezcla de la lástima que siente por miguel y la nostalgia por los viejos tiempos donde el karate formaba parte de su vida decide reabrir el dojo que le enseñó a ser la persona en que se ha convertido: Cobra Kai.

Pero Johnny no es el único con un pasado aquí, en la serie también está Daniel “San” Larusso, cuyo camino ha sido todo lo contrario a la de Johnny y no ha conocido otra cosa que el éxito. Tiene una familia adorable, un negocio próspero y una vida en apariencia perfecta. Cuando Daniel se reencuentra con Johnny y se entera de que se ha propuesto a continuar con el legado de su malvado sensei su mundo perfecto empieza a venirse abajo.

Lo que más me ha gustado de la serie es que no todo es blanco o es negro. Incluso, y a lo mejor me estoy poniendo un poco filosófico de más con tanto equilibrio, artes marciales y demá, pero me atrevo a decir que la serie me ha recordado un poco al Yin Yang. Johnny es un capullo, es machista y violento, sus karate es agresivo y sus métodos de enseñanza son abusivos y humillantes. Es puro Yang. El estilo Cobra Kai que es, al fin y al cabo, lo que le han enseñado. Pero a diferencia de su maestro él no es un psicópata. Tiene sus momentos de virtud y, en el fondo, es “un buen tipo”, tiene algo de Yin. En el otro lado tenemos a Danny, que también está lejos de dominar la paz y la calma que tan bien describiría la actitud del señor Miyagi ante la vida. Es rencoroso, a veces infantil y algo pretencioso.

Para reforzar esta idea de Yin y Yang nos podemos centrar en sus respectivos alumnos. Johnny ha abierto un dojo, lo que significa que tiene más de un alumno, todos ellos cortados por el mismo perfil. Chavales de instituto que reciben acoso y que hasta ahora su posición en el mundo ha sido el de esconderse e intentar pasar desapercibidos. En especial Miguel, su primer y favorito alumno, que desde el principio de la serie se muestra como alguien humilde, bondadoso y trabajador que, poco a poco, va recibiendo las enseñanzas de Cobra Kai y se va volviendo más agresivo, menos dulce… pero a la vez él y el resto de sus compañeros de karate ha ganado confianza en sí mismo. Del alumno de Daniel preferiría no hablar, por no destripar nada, pero sólo diré que la serie con un ingenio destacable lo coloca en la posición contraria, él está entrenando a alguien que está lejos de ser honrado y trabajador, pero que recibe las enseñanzas de Miyagi a través de Daniel con atención y éstas consiguen ablandar un poco su coraza.

Lo que hay que sacar en claro es que en esta serie nada es absoluto, no hay buenos ni hay malos, y sobre todo, nadie es perfecto. No digo que una historia con contrastes no pudiera estar bien, Karate Kid lo era y sigue siendo muy buena, pero no podemos negar que la tendencia ahora es la de ofrecer contexto, creando historias más realistas y complejas y esto es algo que a mí particularmente me gusta. Además la serie tiene un montón de paralelismos con la película original, buenas dosis de humor y peleas espectaculares. Así que no seáis muermos, ved Cobra Kai.

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