★★, Series

La catedral del mar

A veces, en casa, nos apetece ver algo en castellano. Ya he acostumbrado mi oído a la versión original, por lo que una versión doblada, al menos a mí, me suena raro. Por suerte eso no es un problema. En España y Sudamérica se producen suficientes series y películas como para que mis necesidades estén más que cubiertas. Muchas de ellas, al contrario de lo que dicta la opinión popular, son muy buenas. Lamentablemente este no es el caso de la serie que nos trae hoy aquí: La catedral del mar.

Mi opinión sobre la serie no depende en absoluto de la novela de la que se adapta. Un tema tan sospechosamente similar al tratado en Los pilares de La  Tierra, un libro que no me entusiasmó mucho nunca, no me llamaba demasiado la atención. Pero a la serie le di una oportunidad, más que nada porque era lo que había en la aplicación de Atresmedia en ese momento.

El caso es que no puedo decir que me haya gustado, pero sí que me ha mantenido intrigado. Terminaba el capítulo con ganas de ponerme el siguiente y de saber lo que iba a pasar a continuación, pese a que todo, en realidad era más bien predecible. Los personajes no son especialmente carismáticos y cada capítulo parecía nada más que una excusa para demostrar lo mucho que sabía de leyes medievales el escritor. Esto no es broma. Viendo la serie juraría que no existe un sólo capítulo en el que no citen alguna ley de la época. No puedo estar seguro de la precisión histórica, ni en cuanto a derecho, ni en cuanto a todo lo demás porque yo no tengo ni idea, pero la serie, en eso al menos, da bastante el pego. El caso es que es una práctica tan reiterativa, y dicen tantas veces la locución “es la ley” durante toda la serie que es imposible no empezar a hacer bromas con el asunto. De hecho me atreví a pronosticar que, si es que el libro es así, el autor debía ser o bien historiador especializado en derecho medieval o abogado especializado en derecho medieval o ambas¹.

Otra cosa que me ha llamado la atención es tres de las cuatro mujeres relevantes para la trama, es decir, relevantes para la vida del protagonista, sean violadas. Que sí, que puedo entender que quieras escribir un libro y dotarlo de toda la precisión histórica que te de la gana. Que entiendo que puedas pensar que el medievo era muy duro, que lo era, especialmente para las mujeres, que lo seguía siendo, y las violaciones estuvieran a la orden del día, que lo estarían. Pero es que macho, tres de cuatro. No es por criticar los recursos literarios de nadie, pero sí que dicen que en la variedad está el gusto, ¿no?

Aún así no todo es malo. Para empezar está lo que ya dije, que la serie me mantuvo expectante. Pero también he de decir que la actuación de Pablo Derqui, el fraile Joan, me gustó mucho. En especial después del cambio que sufre tras un acontecimiento traumático (exacto, una violación). Sus expresiones faciales y su pose transmitían mucho del tormento que debía estar sufriendo su personaje. Bien por eso. El resto de interpretaciones no es que sean malas, pero es que la suya es muy buena.

Y eso es todo, no es una serie que recomendaría ver a nadie, a no ser que, no sé, quieras hacer un cursillo intensivo sobre derecho medieval. El caso es que, si queréis verla, yo no puedo obligaros a no hacerlo. Ya sabéis, es la ley.

×××

1- Una búsqueda en la wikipedia no da pistas sobre su especialización, pero abogado es.

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