Fundido negro y el sonido de una batería. Esta es la forma que tiene Whiplash de presentarse, de hacernos saber que los siguientes 106 minutos no va a importar tanto lo que veamos como lo que escuchemos. Pero no acaba ahí, cuando la imagen aparece vemos la energía con la que Andrew Neiman (Miles Teller) está tocando dicho instrumento. Whiplash no sólo va de música, también va de pasión.  A los pocos minutos entra en escena otro personaje, y sólo un par de interacciones con Neiman nos basta para perfilar lo que va a ser una complicada relación entre los dos.

Este personaje no es otro más que Terence Fletcher, (magistralmente interpretado por J. K. Simmons), el abusivo director de la banda de jazz del conservatorio donde Neiman estudia. Tras escucharle practicando en esa primera escena decide invitarlo a formar parte de la banda, donde Neiman descubre que los métodos de éste son demasiado duros. Que según Fletcher todo vale con el fin de encontrar al próximo genio del jazz. Fletcher pondrá a Neiman hasta todos los límites imaginables con la convicción de que, si se rompe a medio camino es que no tiene lo que hay que tener.

Esta no es más que otra película de lo duro que es el camino a la grandeza, ya sabéis, todo eso de “la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar” que no tiene nada de nuevo en el cine. Si acaso, la brutalidad del profesor en esa película es algo más bestia, pero yo diría que no es por otra razón que porque la historia se va adaptando a los tiempos y lo que nos parecía abusivo en los 70 ahora no nos lo parece tanto. O tal vez no. Tal vez es algo genuino de esta película y uno de los puntos que la convierten en una gran película. Como sea Simmons hace un trabajo excepcional haciendo que nos resulte francamente difícil que Fletcher nos caiga bien, pero aún me parece más impresionante que consiga hacer que empaticemos con él cuando el guion lo requiere.

En el otro lado de la pantalla tenemos a Neiman, Teller también lo hace genial en esta película y nos transmite el estrés y la presión a las que su personaje está sometido. Quiere impresionar a Fletcher, quiere demostrarle que él puede ser el próximo Buddy Rich, pero por más que se esfuerza, por más que lo intenta, Fletcher no deja de decirle lo mediocre que es. Eso le frustra, pero no le impide seguir intentándolo más fuerte, practicando hasta que le sangran las manos, demostrando que si alguien vale, ese es él. Pero nunca es suficiente.

En cualquier caso, la historia es la que es y no viene a contarnos nada nuevo, esto podría considerarse un importante punto en contra, pero lo cuenta de una forma tan intensa que estoy dispuesto a perdonárselo. Además, la música que acompaña a la película es espectacular. Eso suele ser un punto a favor en cualquier película, pero lo es más  en una que, pese a no ser un musical, la banda sonora es parte activa de la historia (la mayoría de la música que escuchamos es la que están interpretando los músicos en la película).

En conclusión, es una película francamente buena, ideal para una de estas tardes en las que no apetece mucho salir de casa por miedo de una hipotermia.

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