4 estrellas, Películas

Nerve

Vivimos en la era de la tecnología, eso no hay quien lo dude. Cada día aparecen millones de aplicaciones para móviles y páginas web. Yo mismo, sin ir más lejos, estoy deseando que me llegue la inspiración y ser el creador del nuevo instagram, para que una de las grandes compañías se percate de mi existencia y me de un gritón de dólares por comprar los derechos de explotación y yo poderme retirar a una cómoda playa, llena de cacharritos electrónicos, por supuesto.

Nerve es una película que se baña, con un muy aceptable resultado, en todo este océano binario. Nos presenta a Venus (Emma Roberts), una chica inteligente y creativa, con aficiones muy presentes como la literatura o la fotografía. Su mayor defecto, según sus amigos, es que nunca se arriesga en la vida, siempre va a lo seguro, resultado ser algo sosa y predecible, todo lo contrario a su amiga Sidney, atrevida, alocada y desvergonzada. Sidney es quien presenta a Vee la aplicación que se volverá viral de la noche a la mañana entre los jóvenes de Nueva York, Nerve.

Nerve un juego en el que puedes ser jugador o espectador. Los espectadores siguen a sus jugadores favoritos, al más puro estilo de cualquier red social, mientras les imponen retos, superar el reto viene acompañado de un premio en metálico, a más complicado el reto más videntes ganarás, porque claro, la gente es morbosa, eso no seré yo el que lo niegue. Al final del día (o cuando sea, sólo dicen “al final” pero no hablan de plazos en los que apuntarse) los dos jugadores con más espectadores viéndoles se enfrentarán a un reto cara a cara y el ganador, pues se lleva el gran premio. Parece sencillo, y es que lo es. Si acaso cabría tener en cuenta las únicas tres reglas del juego: te descalifican si fallas un reto, si te retiras de un reto y a los chivatos se les castiga.

Venus, la chica que nunca corre riesgos, decir cambiar eso en su vida y se atreve a participar en el juego como jugadora, y de eso va la película. Poco más puedo decir sobre el argumento sin entrar en detalles que preferiría no contar, para no destripar nada, pero no puedo presentar de otra manera al coprotagonista de Roberts en este filme: Dave Franco. Venus se encuentra a Ian, interpretado por Franco durante el primero de sus retos, los espectadores deciden que hacen buena pareja y empiezan a ponerles retos juntos. No es que haya reglas que lo impidan y, a base de poner retos, los espectadores son los que de verdad manejan los hilos del juego, así que, ¿por qué no?

La película es amena y entretenida, sin ser una obra maestra. Tampoco es que la película parezca tener ningún tipo de pretensiones, y no es que te intente vender una superhistoria que luego vaya a quedar en la nada, se puede decir que cumple bastante bien en ese aspecto. Además, la parte tecnológica me parece que está muy bien tratada, no es que se metan mucho en ello, pero un par de detalles que muestran, y un par de conceptos que sueltan me parecen bastante correctos, lo que es de agradecer, la verdad. Por otro lado, la forma en la que la película presenta a la sociedad 2.0 me parece aún más realista que todo lo demás. Es cierto que se habla ya sea en programas o películas, sobre el ciberacoso, pero esto es ir a un paso más. El ciberacoso al que creo que estamos acostumbrados es más bien una extensión del acoso escolar que ya conocemos, donde gente abusa de otra gente en redes sociales pero todo de una manera más cercana. Aquí no hablan de ciberacoso o de incordiar hasta la saciedad a personas de nuestro entorno sólo porque podemos, o porque queremos ser aceptados, la película habla de lo impersonal que se vuelve todo una vez que estamos detrás de un pseudónimo y tenemos a una multitud detrás de nosotros igual de anónima e igual de sedienta de sangre y morbo. La persona que está al otro lado de la pantalla no importa, nunca ha importado, lo que queremos es nuestra dosis de acción. Esto me parece que es muy real, y que pasa a diario en las redes sociales, no es un problema de la tecnología, no es culpa de Twitter, o de Facebook, tampoco del anonimato, es la gente, que es así. Tampoco me parece raro el que sus directores, Henry Joost y Ariel Schulman, hayan sabido captar esta esencia, al ser las cabezas pensantes detrás del documental y el reality show homónimo Catfish.

Como cosa mala decir que no termina de gustarme Emma Roberts delante de las cámaras, no sé por qué. No creo que lo haga especialmente mal pero no me la termino de creer, por otro lado, Dave Franco me suele gustar más, aunque tampoco me parece que haga nada destacable, me gusta mucho más de prestidigitador en las películas de Ahora me ves. Además, hay un par de detalles en el argumento que no me terminan de encajar del todo bien, especialmente hacia el final. Alguno me obligó a tirarme un rato teorizando conmigo mismo para ver si se trataba de un fallo del guión o, por el contrario, era capaz de encontrar una explicación plausible. Con alguno lo conseguí, con otros aún no termina de convencerme mi solución propuesta. En cualquier caso, aun aceptando que no sea un fallo argumental sino que ha pasado como yo he imaginado que podría haber pasado, o de una manera menos rebuscada que no se me haya ocurrido, creo que era trabajo de la película hacerme entender cómo pasó, y no tener que estar yo rizando el rizo para encontrar un universo en el que algo así era posible.

Por supuesto no comentaré cuáles son las situaciones que menciono, pero diré que hay dos que especialmente me hicieron rechinar los dientes mientras estaba viendo la película.

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