Hannibal (T1)

Había pasado mucho tiempo desde que vi El silencio de los corderos, aunque tenía ganas de volver a verla, es un clasicazo y con la lectura de Nailbiter, de cuyo segundo volumen probablemente escriba pronto, me había picado el gusanillo. Alimentado por las aventuras de Will Graham y su relación con el infame psiquiatra en la serie, el gusanillo creció hasta un tamaño considerable, por lo que tuve que aplacarlo viendo, una detrás de otra, la película de Jonathan Demme y su secuela, que comparte título con la protagonista de esta reseña, dirigida por Ridley Scott. No voy a hablar nada de estas películas, pero quería dejar claro este punto pues gracias a ello he podido visionar la serie con una memoria cerca sobre los sucesos de los largometrajes, es especial el original, con los que se mantienen cierto paralelismo. Me hubiese gustado, no obstante, haber visto El dragón rojo, o incluso una versión anterior, de la cual desconocía la existencia hasta el momento en el que estoy escribiendo estas líneas titulada Manhunter, principalmente porque se basan en el mismo libro que la historia, es decir en el mismo momento dentro de la cronología de Hannibal Lecter. Por supuesto haberme leído alguno de los libros también hubiese sido deseable, pero no leo tanto como me gustaría (como así puede hacerse notar la aún no estrenada sección de libros de este blog) y la lista de libros pendientes, en la que están las historias del caníbal más conocido del mundo, crece más rápido de lo que decrece.

Como ya he dicho en el párrafo anterior, esta primera temporada de Hannibal cuenta la historia de Will Graham, un profesor de la academia del FBI experto en perfiles psicológicos de asesinos. De hecho más allá de ser experto tiene un don, es capaz de sentir lo que sentía el asesino, de meterse en su cabeza y conocer sus motivaciones. Un don peligroso, como dejan claro en el primer capítulo, pues le hace no ser del todo estable. El meterse en la piel de psicópatas hace que se sienta a su vez un poco psicópata, lo que le impidió pasar las pruebas psicológicas para convertirse en agente especial del FBI y tener que dedicarse sólo a enseñar. En cualquier caso, Jack Crawford, el mismo Jack Crawford que pidió a Clarice ayuda con Lecter para capturar a Buffalo Bill, necesita la ayuda de Will para capturar al asesino del momento, uno que no deja cuerpos a su paso.

Debido a la inestabilidad de Will quieren que éste sea observado por un psiquiatra, pero no puede ser la Doctora Alana Bloom, su amiga y psiquiatra que trabaja para el buró, así que esta recomienda a otro psiquiatra, una en el que ella confía plenamente como persona y profesional: Hannibal Lecter. La serie entonces es una sucesión de casos, al más puro serie de investigación como Mentes Criminales o CSI, pero con una trama principal subyacente algo más profunda que las de series similares, que en algunos momentos es práctimante inexistente. En esta los casos son más bien una excusa para desarrollar a los personajes y, principalmente, la relación entre Will y Hannibal así como dar a conocer las motivaciones del psicópata.

La serie, sin ser una gran serie, se deja ver, tampoco pasa nada por perdérsela, seamos sinceros, a no ser que seas un fan del personaje. Hay alguna cosa que me ha gustado más, como la imagen que proyecta de Lecter, mucho menos “simpática” que la de las películas, donde es muy difícil que el psicópata nos caiga mal. En la serie, a mí por lo menos, Hannibal no cae en gracia, es un psicópata, está loco, es manipulador y cruel… refinado, elegante y con buen gusto, sí, pero poco humano. Es el monstruo del que tanto hablaban en las películas pero que consiguieron transmitir. También me han gustado especialmente los personajes interpretados por Eddie Izzard y Gillian Anderson, de los que no hablaré mucho para no destripar nada (sí, he usado destripar a propósito, soy la monda). También haría una mención especial a un personaje puntual que aparece hacia el final de la temporada y es una claro y muy evidente guiño a Tan muertos como yo, se trata de una chica, de nombre Georgia (igual que la protagonista de Tan muertos como yo), interpretada por Ellen Muth (igual que la protagonista de Tan muertos como yo) que sufre una enfermedad que le hace pensar que está muerta (si no conocéis la otra serie, no os hará tanta gracia). El hecho de que pongan esta broma en una serie que no se trata, bajo ningún aspecto, de una comedia ha sido todo un detalle, equiparable a idear Scream como una parodia.

Como puntos débiles de la serie cabe destacar uno por encima del resto: algunas líneas de dialogo y alguna escena son calcadas de las películas: Chilton hablando de los especial e importante que es capturar a un psicópata puro (en la serie usan el término sociópata, hay gente que los intercambia pero no es correcto hacerlo, aunque sean patologías similares. Creo que Hannibal entra más en la definición de psicópata, aunque no soy un experto, y por eso utilizo la terminología de la película), Crawford sacando de clase a “una de las mejores alumnas” para que le ayuden a atrapar a un psicópata, un músico de la orquesta sinfónica asesinado porque tocaba mal… ejemplos como estos se repiten de vez en cuando. En otras circunstancias podría agradecer las referencias, un guiño a los fans de la saga, pero en este caso, cuando se supone (creo) que estamos ante una precuela de lo que “luego” vamos a ver en las películas, me saca del contexto. Es como si Hannibal no fuese tan inteligente y original como se supone que es, o Crawford no aprende de sus errores, o, en definitiva, todos parecen más vacíos de lo que son en realidad.

En general y sin muchas florituras la serie se deja ver. Mantiene la tensión y te deja con ganas de saber qué es lo siguiente que va a pasar, el personaje de Hannibal, aunque me parezca menos simpático me resulta más interesante y carismático que el de las películas y consigue acaparar toda mi atención cada vez que sale en pantalla. Si tenéis algo mejor que ver, a lo mejor no os interesaba asomaros a esta serie, pero si, como yo, estáis en ese punto entre temporadas en el que nada os convence del todo es un buen punto de apoyo.

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