Orange is the new black

Me hace ilusión soltar esta crítica tal día como hoy, el día del Orgullo. Es cierto la sexualidad de ninguno de sus personajes es parte relevante de la trama principal, para eso hay otros ejemplos mucho mejores y no sólo grandes clásicos del cine que no tiene a cuento que recomiende en este blog, pues son conocidas por todo el mundo, sino películas y series menos populares y recientes. La cosa es que aún tengo muy reciente la última temporada de Orange is the new black y en cualquier caso esta serie, pese a que no forme parte de su trama principal, hace desde la naturalidad algo que no suele verse a menudo: visibiliza.

La serie va sobre Piper Chapman, una privilegiada chica de Nueva York que tiene que ir a la cárcel porque se vio envuelta en un caso de tráfico de drogas con su exnovia, de la que su familia, incluido su prometido, no tenía ni idea. El contraste, con tintes cómicos, es lo que da vida a la serie. Piper se ve rodeada de un montón de delincuentes con las que no sabe cómo encajar, esto le trae problemas, provoca situaciones incómodas y, en definitiva, le cuesta adaptarse. Poco a poco se va dando cuenta de que esas mujeres que conviven con ella en la prisión son, a fin de cuentas, personas y también tienen sus problemas, sus anhelos y sus diferentes formas de sobrellevar sus días sin libertad.

La serie cuenta con un colorido reparto de personajes, que, tras cuatro temporadas, van adquiriendo mayor o menor peso en función de cómo se desarrollan las subtramas. Es notable como prácticamente todos los personajes evolucionan, pese a que hay bastantes y es fácil empatizar con casi todos ellos a medida que sus tramas personales avanzan. La serie nos dice que gente no es simplemente mala o buena, y que la mayor parte de las veces lo único que nos diferencia a unos u a otros es la suerte que hayamos tenido en la vida que nos haya tocado, y lo acertadas o equivocadas que hayan sido las decisiones.

En mi opinión, la tercera temporada fue algo floja. El personaje protagonista, Piper, va perdiendo carisma y tampoco es que haya un gran hilo conductor en el desarrollo de los acontecimientos, pero sin duda mejora bastante con la cuarta temporada que podría pasar fácilmente a ser de mis favoritas, con un cliffhanger de final de temporada que ya quisieran muchos para mantener la expectación en periodos de escasez.

Me cuesta hablar de esta serie, sin embargo, sin compararla con una de mis series favoritas: Oz. No es que sean muy parecidas, al contrario, mientras que Oz nos muestra la cárcel como algo muy muy chungo, y se centra en el drama, la violencia y demás peligros de la vida del recluso en una penitenciaría de máxima seguridad, Orange nos muestra un lado más simpático de una cárcel de mínima seguridad. Pero la semejanza está ahí, o al menos a mí me lo parece: muchos personajes, cada uno con sus historias, pocos personajes a los que repudiar (aunque en Oz es mucho más fácil odiar a unos cuantos) y ambas nos muestran, a su manera, la vida en la prisión. Se me hace realmente complicado no recordar la serie de la HBO cuando veo la de Netflix y eso no es precisamente malo, como ya he dicho es una de mis series favoritas de todos los tiempos.

Sin duda una de las mejores series del momento y no me cansaré de recomendarla a todo el que me quiera escuchar.

Happy Pride.

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