Hay series que no parecen haber llegado a hacer incapié en la conciencia colectiva. Series que, pese a tener todo lo necesario para que la gente, por lo menos, sienta curiosidad por ellas pasan completamente desapercibidas hasta el punto en el que cuando als mencionas la gente se te queda con cara de idiota. ¿Por qué pasa esto? no tengo ni idea. pero Sense 8 es un claro ejemplo de ello. Es una serie Netflix original lo que no tiene por qué ser un sello de calidad, es cierto, recientes producciones como House of Cards, Orange is the new black o las últimas apuestas de Marvel en la pequeña pantalla (vease Daredevil y Jessica Jones) han hecho que las series del servicio online estén bastante bien consideradas, al igual que lo estaban hace unos años las de la HBO, y legiones de fans en todo el mundo devoraban cualquier parida por la cadena. Como sea, entre todas estas series Sense 8 ha pasado de largo, y no puedo cuanto menos opinar que es bastante injusto.

La serie trata de ocho personas de diferentes partes del mundo  de repente descubren que forman parte del mismo “clúster”, es decir que lo que uno ve y siente otro miembro del clúster lo puede ver y sentir en cualquier momento. Al principio todo muy confuso para ellos, como es lógico, pero que aprenden a comprenderlo y asumirlo, pese a que no todos ellos tienen la ayuda de alguien explicandoles qué pasa.

La serie tiene acción, y no poca. Explosiones, persecuciones, tiroteos y peleas coreografiadas de tal forma que los Wachowsky consiguen llevarnos de vuelta a Matrix. Además, cada personaje tiene sus problemas cotidianos, por lo que además de la trama global que los une a todos, cada uno tiene que luchar contra sus demonios personales, contando eso sí, con la ayuda de los conocimientos y habilidades de otros miembros del clúster. Pero eso no es todo, la serie también es muy bonita.

Sí, bonita, no podría enontrar una palabra que mejor lo definiese ni aunque lo intentase. Las escenas de acción se combinan en una perfecta armonia con otras escenas en las que te das cuenta de las cosas bonitas que siempre nos rodean, independientemente de lo mal que puedan ir las cosas. La serie, en mi opinión es una reivindicación de todo esto, un canto a la vida y sobre todo al amor. Un canto al amor en su más completo significado. Amor romántico, amor fraternal, amor paterno-filial, todos tienen cabida y ninguno es excluído.

Otro de los aspectos que más me han gustado de la serie es como los protagonistas se ayudan entre sí sin cuestionarse nada. No se preocupan de qué es lo que están haciendo en el momento en el que necesitan ayuda, la necesitan y ellos son capaces de brindársela, punto. Sin juicios de valor, sin pretender imponer los puntos de vista o los valores de nadie. Ese no es más que otro ejemplo de lo bonita que puede ser esta serie. Si tenéis la oportunidad no dejéis de verla.

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